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Aún cuando en este artículo solo toque las
primeras etapas vitales de nuestro perro, pienso que será el más
complejo en su exposición ya que, los cuatro principales meses, en
la vida del animal, son estos primeros que pasará con usted.
Debemos tener en cuenta que cada perro tiene un
papel a desarrollar en la convivencia con su dueño. Así, el que va a
ser utilizado como guarda personal, defensa o trabajo deportivo debe
ser "modelado" con otros parámetros que los del animal de compañía
pero, dado que la mayoría de estos simpáticos cachorros van a caer
en manos de familias normales sin excesivas pretensiones de
especialización, detallaré el método más lógico-científico en la
cría de nuestro amigo y que no se oponga en absoluto, al destino
que, en su día, queramos darle. Quiero decir que, esta crianza, es
la deseada como base para cualquier especialización futura.
El primer y principal trabajo consiste en
enseñarle a nuestro cachorrito cual es su territorio y su puesto en
el escalafón familiar. Él necesita, como nosotros, un rinconcito de
privacidad propio dentro de todo el territorio de la "manada".
Cuando entre en casa, enséñele cual es el sitio donde debe dormir,
comer y ponerse a salvo de los niños propios y ajenos, esconderse de
las visitas y eliminar el estrés que, cualquier perro-bebé, necesita
con elevada frecuencia. Tenga en cuenta asimismo, que ese será su
sitio hasta que cambiemos de casa y no trate, por falta de
planificación, de cambiárselo caprichosamente.
Su puesto en la jerarquía familiar tratarán de
enseñárselo los humanos más pequeños sin que usted deba impedírselo.
Quizás la única precaución que deba tomar es prevenir que los
"profesores" atenten contra la integridad física del perrito,
dejándolo lisiado, en el propio afán de su magisterio. No solo es
aceptable que los niños jueguen con el cachorro, hasta cansarlo,
sino que lo preconizo.
La evidencia clínica enunciada por el etólogo
español Xavier Manteca, muestra que, perros que no han tenido
contacto con niños en los primeros meses de vida, son responsables
en el futuro de conductas agresivas hacia ellos. Piense el lector
que un niño es un cachorro humano y, por más que nos declaremos
amantes del perro, su integridad es objetivo fundamental en el
otorgamiento de nuestros cuidados parentales y que, cualquier atisbo
de agresividad del cachorro hacia un menor, debe ser erradicado con
contundencia.
En la vida del perro distinguimos varios periodos
o etapas vitales
Si el perrito nos ha sido vendido por un buen
criador estará en el de transición o en el de socialización y, su
carácter habrá sido modelado por él y por la perra. En este tiempo
no debemos tratar de adiestrarlo ni enseñarle nada que requiera
esfuerzo ya que es como un bebé al que no se le puede exigir que
resuelva ecuaciones. Insisto en que solo debemos educarlo en la
jerarquía y el territorio. Si el perro crece, sin tener claros estos
conceptos, será un animal inestable y potencialmente peligroso.
Aparte de la inestimable colaboración de los
infantiles profesores aficionados, nosotros, sus dueños adultos,
trataremos de estimular su gregarismo y enseñarle su sitio y forma
de actuación en nuestra familia.
A la hora de comer
El perro siempre debe comer en el mismo sitio y a
la misma hora mientras dura su crianza. Jamás se le debe dar ningún
alimento fuera de su escudilla o mientras comemos nosotros ya que
esta sería la mejor forma de hacerlo un maleducado pedigüeño. La
regularidad en la hora viene impuesta por su respuesta fisiológica.
El perrito tiende a defecar pasados diez o veinte minutos de su
comida. Sabiendo esto, no tenemos más que llevarlo, a esa hora, al
sitio donde queremos que defeque de ahora en adelante. Cuando lo
haga, alábelo siempre con las mismas palabras y en el mismo tono.
¡Muy bien! o ¡Bravo!.
Mientras se le suministra el alimento, los
miembros de la familia y concretamente los niños, deben acariciarlo
y jugar a quitarle la comida para posteriormente, devolvérsela. Con
esto conseguiremos dos objetivos. El primero es aumentar la
voracidad del animal incidiendo en su capacidad de alimentación per
se (1) evitando uno de los problemas molestos para el dueño que ve
inapetente a su perro adulto. El segundo es demostrar al cachorro
que él se alimentará cuando nosotros queramos y no cuando le
apetezca. Esta práctica de otorgamiento de recurso es una de las
bases de la jerarquización temprana al igual que el suministro
controlado del agua.
Algunos cachorros de tres o cuatro meses y de
carácter excesivamente dominante, tienden a gruñir cuando tratamos
de retirarle la comida. En ese caso, se le retira con más brusquedad
a la vez que le golpeamos ligeramente en el hocico. Solo se le
dejará comer cuando acepte este juego, incluso con los niños. Tenga
en cuenta que, a esta edad el cachorro tiene muy poca capacidad de
agresión y casi ninguna de provocar una lesión.
Cuando acepte de buen grado esta jerarquización,
lo dejaremos comer a la vez que lo acariciamos y lo premiamos con la
voz. Los niños, si los hay, deben estar siempre presentes en estas
manipulaciones e intervenir como actores principales de la comedia.
Enseñándole la negación
El cachorrito aprende con facilidad a detectar el
estado anímico de su dueño pero es necesario, enseñarle una palabra
que él asocie a nuestro descontento. Esa palabra es. ¡NO!. Hay que
dársela en un tono mas elevado que la de ¡Muy bien! y si pensamos
que no la asocia con rapidez, la acompañaremos de un ligero golpe en
el hocico (siempre con la mano).
Cuando crezca y, si le regañamos siempre por las
mismas cosas y castigamos por los mismos desastres, conseguiremos
que el perro entienda el bien y el mal sin tenérselo que explicar
todos los días y de forma más contundente.
¿No puedo adiestrarlo en ninguna orden? Bajo
ningún concepto debemos enseñarle habilidad alguna hasta que haya
completado su madurez psicofísica. Eso no quiere decir que no lo
estemos educando constantemente en sus órdenes básicas como son el
conocimiento de su nombre, la llamada y la sugerencia de que se
retire a su sitio y no moleste.
Enseñándole su nombre
Debemos nombrar a nuestro perro con una palabra
seca, sonora, corta y en las que aparezcan, a ser posible, las
consonantes K, R, T y las vocales A , O. Diversos experimentos
demuestran que una palabra onomatopéyicamente correcta, facilita
enormemente la capacidad de comprensión y adaptación al lenguaje
humano del perro. Uno de mis perros, Roco, ha llegado a entender
cerca de cien vocablos (en diez años) pero he tenido que enseñarle,
por ejemplo, que los pájaros de mi aviario se llaman KIKOS y la leña
que él debe aportar a la chimenea son TRONCOS. Si le digo "Troncos a
los kikos" comenzará a llevar leña al aviario hasta que lo felicite
y libere de la orden. Esto parece cosa de brujas pero, realmente, es
un condicionamiento básico aunque mantenido durante diez años.
Supongamos que hemos decidido que nuestro
protagonista se llame, de ahora en adelante, TRUCO. Vamos a
enseñarle a que venga y contacte con nosotros cada vez que emitamos
ese sonido.
Llamando a "Truco"
Para enseñar a nuestro cachorro a que venga
cuando nosotros queramos, debemos utilizar el Condicionamiento
Operante, es decir, vamos a hacer una adquisición de hábito basada
un poco en la paciencia y un mucho en la Ciencia. Llamaremos al
perro con voz suave y jovial (nunca lo llame para castigarlo),
acompañaremos la voz de ¡Truco! con unas palmadas mientras nos
inclinamos hacia él y esperaremos a que "se le ocurra" venir.
Cuando esté a nuestro lado lo acariciaremos
efusivamente e incluso, le daremos una pequeña porción de golosina.
Para este trabajo necesitamos que el animal tenga hambre y que la
golosina sea lo suficientemente pequeña para que no se sature su
instinto de alimentación. Se sorprenderá de lo rápido que aprende a
venir y de lo "listo" que es el alumno.
Supongamos que ya viene cada vez que lo llama
pero que no toma contacto con usted, es decir, no llega a tocarlo
sino que se mantiene medio metro alejado de su pantalón. Dejaremos
de acariciar y acercaremos la golosina a nuestra ropa hasta que el
hambre y la necesidad de caricias lo venzan y toque nuestra pierna.
Inmediatamente le suministraremos su premio y le diremos: ¡Truco,
muy bien!. Pocas repeticiones bastan para que lo entienda.
Insisto en que nunca llame al perro para
castigarlo porque destrozaríamos, para siempre, el trabajo. Si hace
una faena y, al llamarlo viene, debemos premiar su acción y olvidar
la fechoría. Por otra parte, si decide castigarlo, no lo llame, vaya
hacia donde está él y regáñelo con el ¡NO!.
¡No molestes, vete a tu sitio!.
Si desde que llegó a casa él tiene una manta,
transportín, rincón o cualquier "pequeño territorio" donde se sienta
a cobijo de calamidades, coma, duerma y se tranquilice, observará
que la conducta de "retirarse" la ejecuta con espontaneidad. Solo
tiene que inventar una palabra como ¡SITIO! y hacérsela llegar
mientras él se retira. Cuándo se eche en su rincón, alábelo con ¡Muy
bien, SITIO!. No se preocupe del tiempo que tarde en aprenderlo ya
que usted está grabando en su "disco duro" palabras imborrables a lo
largo de su vida.
En el siguiente artículo veremos la segunda fase
de la educación de su cachorrito cuando este se acerca a su
adolescencia. Mientras tanto no se canse de jugar con él y sobre
todo, no impida que cualquier niño se le acerque e incluso lo toque
y juegue aunque no sea de su familia.
(1) Los perros, como todos los animales
gregarios, se alimentan per se y por actividad de alimentación.
La primera forma implica hambre y necesidad de
recurso. La practica el animal que tiene una necesidad imperiosa de
consumir alimento para cubrir sus necesidades biológicas.
La actividad de alimentación consiste en
alimentarse porque ve hacerlo a los demás miembros del grupo aunque
su necesidad de alimentación no sea perentoria. Suele ser una
terapia adecuada el hacer comer a un perro inapetente junto a varios
compañeros hambrientos de tal forma que, estos estimulen a comer al
primero, con su amenaza de consumir su ración al acabar la suya.
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